
Hallan en Perú perros momificados de hace unos 1.200 años
Los perros de Castillo de Huarmey revelan vínculos con la sociedad wari: radiocarbono, falta de pelo, dieta, entierros y límites de la interpretación.
Ilustración editorial PRESDA generada con IA. Perros, envolturas y excavación son imaginados; no documentan los especímenes de Castillo de Huarmey ni su tratamiento funerario.
Los dientes que le faltan a un perro pueden contar una historia que el oro no revela. En Castillo de Huarmey, en la costa peruana del Pacífico, restos caninos, algunos momificados de forma natural, iluminan la convivencia con los humanos durante el periodo wari. Un macho extraordinariamente conservado tiene alrededor de 1.200 años. El hallazgo permite explorar el compañerismo, las diferencias de trato y el lugar de los animales entre los muertos.
Los resultados aparecen en el volumen de junio de 2026 del Journal of Anthropological Archaeology y reúnen excavaciones realizadas entre 2010 y 2025. No documentan una fila de perros intactos y envueltos recién descubierta en octubre. El estudio combina huesos, contexto funerario y señales químicas, explicando con especial cuidado los límites de esas pruebas para reconstruir vidas. Fuente: www.sciencedirect.com
¿Qué se encontró realmente?
Los investigadores registraron 341 especímenes óseos de perros, además de los restos casi completos de un macho momificado naturalmente. Es una cifra de huesos, no de 341 perros. Tres individuos llamaron especialmente la atención por una anatomía compatible con el perro sin pelo del Perú: un cráneo con piel y orejas, otro cráneo y el macho momificado. El informe de Dartmouth atribuye los huesos a un mínimo de 19 perros, además de ese macho. Fuente: home.dartmouth.edu
La distinción cambia la imagen del descubrimiento. Los arqueólogos reconstruyen una población diversa a partir de huesos dispersos, cuerpos parciales y casos excepcionales de conservación. Un esqueleto articulado conserva relaciones anatómicas que se pierden cuando un depósito resulta alterado. Un cráneo aislado puede revelar anatomía sin aclarar las circunstancias de su enterramiento. Cada objeto responde a una pregunta diferente; ninguno ofrece una biografía completa.
Un centro wari anterior al imperio inca
Castillo de Huarmey fue un centro ceremonial y administrativo con enterramientos de élite, vinculado al mundo wari de aproximadamente 600 a 1050 d. C. Se encuentra a unos 305 kilómetros al norte de Lima. Los animales formaban parte de un paisaje habitado de trabajo, alimentación y ceremonias, no de un cementerio aislado. La agencia peruana Andina entrevistó al codirector de las excavaciones, Miłosz Giersz, sobre la importancia de estos perros para comprender las sociedades andinas antiguas. Fuente: andina.pe
La arqueología también depende de lo sucedido después del entierro. Los daños del terremoto de 1970 expusieron partes del lugar al saqueo y numerosos depósitos superiores quedaron mezclados. Un hueso próximo a un objeto valioso no pertenece automáticamente a la misma ceremonia. Las asociaciones intactas tienen un valor probatorio distinto al de materiales desplazados, una diferencia fundamental para interpretar este hallazgo. Fuente: home.dartmouth.edu
Por qué la ausencia de dientes apunta a la falta de pelo
No basta con observar una momia poco peluda para diagnosticar la ausencia de pelo: la descomposición puede eliminarlo. El equipo examinó la falta congénita de determinados dientes, es decir, piezas que nunca se desarrollaron, en lugar de huecos por dientes perdidos en vida o después del entierro. La dentición reducida está asociada al rasgo hereditario de falta de pelo. La piel conservada y el patrón dental respaldaron conjuntamente la identificación de tres probables perros sin pelo del Perú. Fuente: www.sciencedirect.com
La palabra importante es «probables». Fue una identificación anatómica, no una demostración mediante ADN antiguo de una genealogía ininterrumpida hasta todos los perros actuales de esa raza. Estos animales también pueden conservar zonas con pelo. Su relevancia cultural resulta fascinante sin convertir un diagnóstico morfológico en certeza genética ni anunciar el descubrimiento del perro doméstico más antiguo del mundo.
¿Qué significa la fecha de 1.200 años?
El estudio informa de un intervalo de radiocarbono calibrado entre 688 y 870 d. C. para el macho momificado, identificado como PIT-211. «Unos 1.200 años» es una aproximación comprensible, no un cumpleaños exacto. La medición estima la antigüedad de material orgánico mediante carbono radiactivo; la calibración la traduce a fechas del calendario utilizando registros de referencia. El intervalo corresponde al animal analizado, no automáticamente a cada fragmento canino del yacimiento. Fuente: www.sciencedirect.com
La momificación natural requiere otra precisión. Una sequedad excepcional puede conservar tejidos sin embalsamamiento deliberado. La existencia de una momia no demuestra, por tanto, el uso de una técnica especial de preparación. Nuestra imagen principal es una reconstrucción generada con IA: los tejidos, la disposición y la excavación imaginada no son un registro de los hallazgos reales.
Entierros, pigmento y límites de la interpretación ritual
Un cráneo conservado presentaba pigmento de cinabrio. Otros restos caninos estaban asociados a enterramientos humanos, incluido un cachorro junto a un artesano de élite conocido como el Maestro Cestero. Estas relaciones hacen plausible un significado ceremonial, pero no establecen una creencia wari universal sobre los perros. La información de Andina destaca funciones cotidianas y rituales diversas: algunos restos se colocaron deliberadamente con personas y otros fueron desechados tras la muerte. Fuente: andina.pe
El macho momificado estaba en una fosa poco profunda sin ofrendas funerarias. La ausencia de la parte inferior de sus extremidades anteriores no prueba una amputación ritual. Asimismo, un cachorro en una tumba humana no permite decidir por sí solo si fue sacrificado, murió naturalmente o fue trasladado después. Un relato responsable distingue las asociaciones observadas de las explicaciones propuestas, sin inventar una escena emotiva que la excavación no puede verificar.
Un registro químico de alimentación y movimiento
Los investigadores compararon isótopos de dientes y huesos con datos de humanos y camélidos del lugar. Carbono y nitrógeno ayudan a estudiar la dieta; oxígeno y estroncio aportan indicios sobre agua y trayectorias geográficas. Como los tejidos se forman o renuevan en momentos distintos, la comparación permite separar aspectos de la vida temprana y de experiencias posteriores. Los resultados apuntan a una participación en sistemas alimentarios humanos, con una señal vinculada al maíz. Fuente: www.sciencedirect.com
No es un menú conservado. El maíz puede llegar directamente al animal o a través de otros alimentos, y señales similares no implican platos idénticos. La alimentación deliberada y el consumo de basura humana también pueden producir patrones parecidos. El artículo plantea una posible provisión especial para cachorros sin pelo y una cría organizada, pero reconoce la muestra pequeña y las explicaciones alternativas. No demuestra un negocio wari de cría ni una dieta estandarizada para cachorros.
¿Eran perros queridos?
Los huesos permiten observar que vivían cerca de personas, dependían de redes alimentarias relacionadas y a veces las acompañaban en la muerte. El afecto es más difícil de excavar. Un perro podía resultar útil para una familia, tolerado por otra e indeseado en otro lugar. «Compañero» no equivale necesariamente a una mascota mimada actual, y un entierro modesto tampoco implica falta de importancia. Esa complejidad constituye la dimensión humana del descubrimiento.
Los próximos avances dependerán de contextos más sólidos y de otros ejemplares fechados de forma independiente, no de relatos más seguros de sí mismos. La guía de PRESDA sobre Pompeya explora un reto semejante: una conservación extraordinaria hace más visibles las vidas antiguas, sin convertir toda interpretación en certeza. En Huarmey, los perros siguen siendo individuos cuyas huellas pueden estudiarse, aunque sus nombres y los sentimientos que despertaban se hayan perdido. Lectura relacionada 1
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